
La Biblia no esconde que grandes siervos se sintieron tristes, abatidos o derrumbados.
“En la Biblia encontramos descripciones de estados anímicos decaídos persistentes en el tiempo y de anhedonia, lo cual hoy configuraría un cuadro diagnóstico comprendido como depresión”, comentó Carlos Pinto, psicólogo clínico y de familia.
Se desarrolla la historia de personajes que fueron afectados por ella como Job (Job 3), Samuel (1ª. Sam. 15:11b) y Saúl (1ª. Sam. 16:14-23), entre muchos. Incluso, 67 de los Salmos son un modelo de lamento, e incluso el libro de Lamentaciones es un escrito que magistralmente presenta a una comunidad sufriendo, desanimada, frente a un gran desastre.
Dios, por medio de Su Palabra nos fortalece y nos da salida para poder superar la depresión, según podemos leer en Salmos 34, 2 Corintios 1:3-4, 1 Reyes 19, entre otros.
Lo que vemos en la Biblia es que, a pesar de nuestros estados de angustia o afán (ansiedad), hemos sido llamados a salir de estos y no rendirnos ante ellos.
“Deben considerarse estados temporales que en ningún caso nos definen. Nuestra identidad y propósito como cristianos se superponen siempre a cualquier afección mental”, añadió Carlos.
La red de contención
Los cristianos contamos con más recursos para enfrentar cualquier enfermedad mental que aquellos que no profesan nuestra fe. Todo cristiano sabe del enorme poder que hay en la oración y la reflexión en la Palabra.
No obstante, existe un enorme recurso que en tiempos de depresión solemos infravalorar. Desde la psicología es llamada ‘red de contención social’, pero aquellos que somos parte del cuerpo de Cristo la conocemos como comunidad. Las comunidades de fe de las que somos parte son las instancias a través de las cuales Dios obra para reconciliarnos, restaurarnos y restituir aquello que se ha roto o perdido.
Todo cristiano debe tener consciencia de la importancia de su comunidad cuando la depresión toca a la puerta. Verbalizar, confesar, reconocer y buscar acompañamiento y oración con hermanos en Cristo son pasos fundamentales en los procesos de sanidad.
Los asuntos asociados a la salud mental no pueden ni deben enfrentarse en solitario. Buscar ayuda y ser intencionales en pedir acompañamiento es clave para una restauración temprana. Es necesario comprender que las afecciones mentales son batallas contra pensamientos destructivos. Salir airoso de estas batallas requiere cambios de hábitos y la revisión de relaciones, ambientes, conductas y constructos mentales. Sin oración y el acompañamiento de la comunidad de fe, estos cambios se vuelven muy difíciles.
Rolando Campos, psicólogo y misionero movilizador